miércoles, 14 de octubre de 2009

TARDE DE OTOÑO EN CANTALOJAS


Fue en la mañana de un domingo de abril del año cincuenta y ocho cuando conocí Cantalojas por primera vez. Era el pueblo de mi primer destino apenas terminar los estudios de Magisterio. La diferencia entre estas tierras serranas y las de mi lugar de origen, en el pórtico de la comarca manchega, era considerable. Todo me pareció distinto en extremo. Llegué a pensar durante los primeros días que no me adaptaría a estar aquí. No había línea de autobús desde Guadalajara. Todas las incomodidades pasan inadvertidas cuando no se han cumplido los veinte años. Una escuela incómoda, sin material adecuado para el trabajo, y cincuenta y dos niños varones de todas las edades con los que calmar aquellos deseos retenidos de sentirse útil a la sociedad. Lo demás fue todo una bonita historia que no viene al caso. Aquí me casé, y aquí paso largas temporadas cada verano con mi familia. Quiero decirte, amigo lector, que con todos los riesgos que ello lleva consigo, hoy voy a hablarte de mi pueblo de adopción.
Cincuenta años después, Cantalojas tiene muy poco que ver con la imagen lóbrega que hayas podido sacar después de lo antes dicho. El tiempo ha conseguido dar la vuelta a todo, nada es lo mismo. Las viejas escuelas a las que asistían un centenar de alumnos entre niños y niñas, fueron sustituidas tiempo después por un sólido edificio de piedra, cómodo, con cumplidos ventanales y mobiliario nuevo. En este momento es posible que la matrícula no llegue a diez alumnos entre niños y niñas. El pueblo superaba entonces los quinientos habitantes, ahora escasamente llegará a los cien como población de hecho, y, como es fácil suponer, la inmensa mayoría son personas de edad avanzada. En cambio, los servicios y las infraestructuras municipales han mejorado de manera tajante: calles limpias (el ganado no entra al pueblo), servicio de agua suficiente en cada domicilio, adaptación a los nuevos tiempos de muchas de las viviendas viejas, mientras que otras nuevas llaman la atención dentro del pueblo y en sus alrededores, donde acoger cada verano a los varios centenares de personas que acuden al lugar de sus mayores en busca del regalo seguro de un clima y de un ambiente difícilmente mejorable.
La popularidad adquirida por Cantalojas dentro y fuera de la provincia, incluso de la región, se debe principalmente al auge que durante las últimas décadas ha tomado a escala regional el hayedo de Tejera Negra, declarado Parque Natural dentro de su término. Una masa boscosa que cada año y por estas fechas atrae a miles de visitantes. La naturaleza en el Hayedo se muestra pura y al descubierto. Es como un escaparate natural de flora y de fauna variadas, rica en especies, donde el haya es la estrella dentro de las clases arbóreas, en tanto que el corzo, la trucha común, y toda una diversidad de aves rapaces, cuentan entre los principales pobladores de este sugestvo paraíso dentro del reino animal.

Pero es el pueblo lo que pretendí mostrarte en un principio, y a ello voy. Se entra por un ramal de carretera que parte de la Gu-164, no lejos de la villa de Galve, y que acaba junto a las primeras casas. Ya a la entada se anuncia la pista que lleva hasta el Hayedo de Tejera Negra y hasta el camping de Los Bonales, por el camino del río. La Calle Mayor parte desde la misma entrada y continúa más allá de la Plaza. Sentados en el poyo de su casa, el Tío Emilio y la Tía Eulalia leen con atención nuestro periódico, interesándose por las ferias de Guadalajara que ya dieron comienzo en la capital.
- Según dice el papel hay mucha animación este año -me explica el Tío Emilio. Las corridas de toros parecen buenas.
- ¿Con cuál de ellas se queda usted?
- Para mi gusto la mejor es la del domingo. El Juli torea muy bien, y el Fandi es muy valiente poniendo las banderillas. Me veo todas las corridas que ponen en la televisión.
El Tío Emilio tiene noventa y cuatro años, tal vez sea el hombre más viejo del pueblo. De mujeres hay varias que le superan en edad. De vista anda muy bien, pero el oído lo tiene completamente perdido.
- Hace más de cincuenta años que me prohibieron fumar, y ahora no me dejan que tome café. Me ando escapando hasta el hostal y allí me tomo alguno. Yo sé mejor que los médicos lo que me viene bien y lo que me viene mal. Todos los días me doy una vuelta o dos por el pueblo, me leo el papel y veo la televisión si ponen algo que me gusta ¿Sabes? Hay que entretenerse en algo.
En la Plaza Mayor están el ayuntamiento con su juego reglamentario de banderas ondeando en el balcón, la casa rural Castillo de Diempures y el bar El Tejero como principales establecimientos públicos. La Plaza Mayor es el escenario de acción en los grandes acontecimientos festivos, llámense fiestas de San Julián a mediados de agosto o la feria y fiestas patronales de la Virgen de Valdeiglesias, durante los días del diez al doce del mes de octubre.
La feria de ganado de Cantalojas fue por tradición una de las más importantes en esta comarca límite entre las dos Castillas. La feria volvió a recobrar su puesta en funcionamiento después de un periodo no demasiado largo en el que desapareció. La causa no fue otra que la falta de utilidad práctica, habida cuenta que a lo largo de todo el año los compradores de terneros se suelen pasar por el pueblo y se llevan la mercancía en sus propias camionetas. Hoy la feria de Cantalojas consiste principalmente en un concurso y exhibición de ganado, con los consabidos premios anuales de la Diputación Provincial para los mejores expositores, según el jurado.
Es posible que el número de reses vacunas supere en Cantalojas la cifra de quinientas, en tanto que el ganado lanar ha descendido de manera considerable en relación con el número de reses que tuvo hace treinta años, cuando su volumen se cifraba por encima de las dos mil cabezas, sin contar con otro millar de ganado cabrío, que ha ido despareciendo por falta de personal joven que lo cuide.

De todos es conocido el cambio que el medio rural ha venido experimentando durante los últimos treinta años. Cantalojas es posible que sea uno de los lugares que con mayor rigor haya vivido esta experiencia. El pueblo de agricultores y ganaderos que antes fue, ya hace tiempo que abandonó la agricultura definitivamente, quedando tan sólo la cabaña ganadera en mano de unos cuantos propietarios jóvenes, capaces de desenvolverse con ella. La antigua raza de vacuno avileño, aquellas reses de color negro que los campesinos empleaban para los trabajos de labranza y acarreo, ha sido sustituida por otra clase de reses para el engorde, que se crían en el campo durante la mayor parte del año, y cuyo número se ha visto aumentar de manera notoria..
No obstante existe otra puerta abierta como posible salida para la supervivencia, más acorde con lo que reclama la sociedad española actual pensando en el descanso y en los periodos más o menos largos de vacación. Me refiero al turismo rural de tierra adentro, con sus muchas posibilidades y ventajas frente al tradicional turismo de costa, no siempre al gusto de todos.
El turismo rural, aunque lentamente, está adquiriendo cierta importancia en Cantalojas durante los últimos años. La bonanza de la climatología en los meses de verano, la vecindad del bosque, unidas a la riqueza paisajística de sus alrededores, están haciendo que el público de fuera se interese en pasar por aquí. Están proliferando los establecimientos de recepción a posibles visitantes: dos casas rurales, cómodas y con excepcional servicio; un hostal en la salida hacia el Hayedo, dos bares junto a la plaza, un pequeño supermercado, y un edificio nuevo dedicado a apartamentos rurales, quedan durante los doce meses del año dispuestos para el servicio de quienes deseen compartir con los habituales pobladores del lugar, las mil ventajas que la naturaleza en su estado más puro, es capaz de ofrecer.
Junto a la carretera trabaja en su taller de artesanía José Antonio Crespo. Recuerdo cómo siendo muy joven este muchacho trabajaba en una labor apasionante, pero que requería mucho tesón y mucha paciencia. Preparaba cuadros con fachadas de edificios nobles, hechos con piedrecitas de diferentes formas y color, muy interesantes, que luego servirían para colgar. Después ha preferido dedicar su tiempo a la fabricación manual de pequeños muebles, pura artesanía rural, que saca a la venta en tiendas de Atienza, de Sigüenza y de Guadalajara. Completa su quehacer -en ello lo veo ilusionado- en trabajos de apicultura. Ha instalado colmenas en pleno bosque. La miel de la Sierra es menos conocida que la miel de la Alcarria, pero que en calidad, me dice él, no tiene nada que envidiar. Es una miel distinta, miel de brezo y de roble, miel serrana, una esencia más de esta tierra todavía sin descubrir.
Son las seis de la tarde. En el reloj del ayuntamiento suenan a toque de campana las notas del “Himno a la alegría” de un tal Ludwing van Beethoven. Vivir para ver. Los primeros coches que vuelven del Hayedo toman la carretera de regreso sin detenerse. Una docena de buitres en escuadrilla merodean en la altura por debajo de unas nubes blancas. El sol sanguino del otoño comienza a esconderse por la cercana sierra.

1 comentario:

Esther i Toni dijo...

Admiradores de su cariño por estas tierras,t de su tarea en darlas a conocer,nos alegraría tener su autorización,y contribuir poniendo un enlace a su magnífico artículo sobre "Arte Funerarioen Guadalajara" del 31-01-2009,en nuestro blog sobre Arte Funerario"http://imatgesdesilenci.blogspot.com/"Saludos