viernes, 2 de marzo de 2012

QUIENES FUERON LOS BORLAF EN LA SIERRA NORTE


             “El Origen de los Borlaf” es el título de un libro extraño que habla de algunos pueblos de nuestra Sierra Norte; de un libro que en varios detalles se sale de la línea más o menos habitual en que se publican la inmensa mayoría de los de su especie, los libros que habitualmente manejamos. Me ha parecido excepcional por cuanto a su forma, por cuanto a su contenido, y hasta quiero pensar que también por cuanto a la idea inicial que condujo al autor a su publicación. Un libro, en fin, al que he creído conveniente dedicar mi acostumbrado espacio semanal de nuestro diario, por lo que tiene -aunque no sea su primera finalidad- de reconocimiento y promoción indirecta de cuatro de ellos, entre algunos más que se mencionan dentro de su denso contenido, y que no son, salvo uno de ellos, Tamajón, de los que más presencia suelen tener en los medios de información, incluidos los provinciales. Cardoso de la sierra, Colmenar de la Sierra, Valdepeñas de la Sierra y Tamajón, son esos pueblos.
            Un libro original por cuanto a su tamaño en Din-A4, es decir, en el tamaño corriente que puede tener folio de uso ordinario, con 253 páginas de bien trabajado texto. Extraño también por cuanto a su contenido, pues se trata de un trabajo de investigación en torno a un apellido nada común: Borlaf, sobre cuyo origen y todo lo que pueda existir referente al mismo: lugares, personas, cifras, le ha interesado, y de qué manera, a un incipiente escritor manchego (es su primer libro) Diplomado en Derecho Tributario y Asesoría Fiscal, residente en la villa toledana de Quintanar de la Orden, de nombre Pablo Agustín Mota Moreno Bustos Borlaf, quien con no poco esfuerzo ha preparado un trabajo meritorio, que nos presenta acabado de salir de la imprenta y que ha tenido la gentileza de enviarme como testimonio de gratitud, ya que entre sus páginas figuran íntegros algunos de mis escritos sobre esos mismos pueblos, que en la década de los años ochenta fueron apareciendo en “Nueva Alcarria” dentro de la sección Plaza Mayor, tan popular en su tiempo, y no menos hoy en la Red, donde el número de visitas se aproxima a las doscientas mil.
 

El libro           

            Pues bien, abrir este libro es perderse en una selva de información, muy variada, donde abundan las referencias históricas, geográficas, costumbristas, etnológicas, nociones de genealogía y heráldica, medicina, un todo, en fin, y sobre ese todo, el brillo de una estrella movediza: el apellido Borlaf, que el autor sigue de un lugar a otro, como los Magos de Oriente siguieron la estrella hasta el final, con parada en la comarca serrana de Guadalajara, para contarnos, por ejemplo, que en Colmenar de la Sierra nació en 1902 su abuela materna, doña Lucía Borlaf Buchó -cuya estupenda fotografía al uso de la época aparece en la portada del libro-, entre una serie de firmas de otros tantos familiares nacido en diferentes pueblos de aquella sierra, dos de las cuales pertenecen a sus antepasado más directos, don Ventura Borlaf Álvarez, nacido en Colmenar de la Sierra en 1873, y don Emeterio Borlaf Merino, nacido en el mismo lugar, bisabuelo y tatarabuelo del autor respectivamente. Su madre, doña Nieves Moreno Borlaf, y sus tías, Cecilia y Natividad, habían nacido en Tamajón, pueblo al que se menciona con frecuencia a lo largo del libro y por el que su autor parece sentir un especial interés, al cabo es por una parte el lugar de sus raíces.
            Las anécdotas y curiosidades con referencia a los miembros de esta familia durante los tres últimos siglos, se suceden sin interrupción en la primera parte del libro. Así hemos podido saber que la atleta olímpica Isabel Mozun Borlaf, es hija de Paula Borlaf, nacida en Colmenar de la Sierra; que un famoso químico, don Calixto Borlaf Vázquez, nació en el propio Colmenar en 1885; que don Cándido Borlaf Merino, maestro y corresponsal de prensa en la primera década del siglo XX, nació en La Huerce; que don Mariano Borlaf Herrera, licenciado en farmacia, hijo del cirujano don Vicente Borlaf, nació en Valdepeñas de la Sierra en 1870; y como dato más actual, aparece el nombre de Pilar Borlaf González, una de los 1.824 heridos que se registraron en el terrible atentado de los trenes de Madrid el 11 de marzo de 2004. Aunque no parece que el apellido se encuentre en periodo de extinción, los Borlaf en España son 126, y con las variantes Borlaz y Borlaff, su número sólo es de 248 personas.
            Se compone este libro de tres apartados en una primera oferta: Nociones básicas (de Genealogía y Heráldica), Los Borlaf en España y Los Borlaf en el mundo. En la segunda, esos apartados son dos: Ayer y hoy de los pueblos de los Borlaf, y Los árboles de los Borlaf. Los títulos de cada uno de estos apartados nos dan idea de cuál es su temática, destacando por su extensión el titulado:

Ayer y hoy de los pueblos de los Borlaf

            Aquí se incluye, prácticamente en su totalidad, información del pasado de los cuatro pueblos principales relacionados con este apellido, partiendo de la segunda mitad del siglo XVIII; pues en él aparece la copia literal del conocido “Catastro del Marqués de la Ensenada”, en el que cada pueblo, villa o ciudad de España, respondieron a una serie de preguntas relativas al momento actual de cada uno de ellos, por cuanto a posesiones, actividades económicas, monumentos, actividades profesionales, y todo cuanto sirviese para llevar un control riguroso de cada lugar, y su consiguiente repercusión en las arcas reales.
            Otra referencia posterior al pasado de estos pueblos, la del “Diccionario Madoz”, figura íntegra en el libro. De la “Guía Arqueológica y de Turismo de la Provincia de Guadalajara”, publicada en el Taller Tipográfico de la Casa de Misericordia en 1919, se incluye lo referente a Tamajón y a Colmenar de la Sierra; y como final, en representación del pasado reciente, la copia literal de los reportajes que durante la década de los años ochenta del pasado siglo, publiqué en “Nueva Alcarria”, bajo el título de Plaza Mayor, a los que antes se ha hecho referencia.


            Son esos pueblos, en primer lugar Tamajón, que como todos los demás muy poco tiene que ver en la actualidad con lo que fue antes, sobre todo en número de habitantes. No obstante se trata del pueblo más importante de toda aquella sierra en una extensión más que considerable. Durante los últimos años el cambio habido en Tamajón ha sido importante, sobre todo por cuanto se refiere a restaurantes, casas rurales y otros servicios pensando en el turismo, como puerta de entrada que es a una de las comarcas más características de la provincia: los Pueblos Negros.
            El segundo de ellos es Colmenar de la Sierra, uno de los pueblos de la provincia incluidos en ese grupo que no hace mucho carecían de entrada con vehículo a motor desde dentro del territorio provincial, había que llegar hasta él desde Montejo de la Sierra en la provincia de Madrid. Ya hace años que se construyó el puente sobre el río Jaramilla y hay paso, por carretera medianamente aceptable, desde Campillo de Ranas. El espectáculo visual por cuanto al paisaje es grandioso en sus entornos. Formó parte del señorío de los Mendoza, y fue muy deseado por su importante cabaña ganadera y riqueza forestal. Pueblo ideal para el veraneo.
            De El Cardoso de la Sierra, debemos decir que se encuentra en ese mismo grupo de pequeños municipios de difícil acceso desde el resto de la provincia, por la misma razón ya apuntada en cuanto a Colmenar. A su ayuntamiento pertenecen gran parte de los pueblos vecinos. Se encuentra en los límites con la provincia de Madrid, muy cerca del nacimiento del río Jarama. Su altura sobre el nivel del mar es de 1275 metros., Se encuentra rodeado de las mayores elevaciones de la provincia y por extensión también de la comunidad autónoma.
            Valdepeñas de la Sierra está situado más al sur de la sierra que acoge a los anteriores, digamos que en los límites con la Campiña guadalajareña, también próximo a la provincia de Madrid, en tierras de Uceda muy cerca del Jarama ya en su curso medio. En urbanismo, comodidades y servicios, ha cambiado mucho durante los últimos veinte o treinta años. Lugar de veraneo, como los anteriores. Como su homónimo de la llanura manchega, salvando las distancias, fue pueblo que en otros tiempos se distinguió por sus viñedos desaparecidos por la filoxera -creo que  en el año 1917-, de los que no queda nada, salvo alguna tinaja de barro, con más de un siglo de antigüedad, abandonada extramuros. La portada protogótica de la iglesia, nos da idea de su antigüedad.
            Es posible que a algunos de nuestros lectores, de dentro o de fuera de la provincia, les pueda interesar esta publicación reciente. En ese caso pueden dirigirse al autor en la dirección siguiente: borlaf@castillalamancha.es

(Las fotografías nos muestran: indicadores en el cruce de caminos, la portada del libro, y una calle de Tamajón)

1 comentario:

AACHE dijo...

Me ha encantado esta investigación sobre los Borlaf. Cuantas sorpresas nos depara la provincia. Un saludo cordial.